José Barba Caballero (58) vive enamorado de la política, pero, mas que activista de ella, se considera diletante perpetuo, aunque ahora funja como jubilado. Él se autodefine como “un hombre franco, abierto, decidido, que no teme luchar por una causa perdida. Mi gran problema es que soy demasiado frío y que no sé odiar. Sin embargo, estos defectos me ayudan en lo que considero es mi gran don en política: la visión del conjunto y la percepción del paso siguiente, de lo que viene a continuación”. Es un “animal político” ya que, por más que busquemos, no encontraremos otra afición o pasión,¿Música? ¿Literatura? ¿Bellas artes? ¿Fútbol? ¿Toros? ¿Cine? ¿Teatro? ¿Buena comida? ¿Bebida acaso? Nada de esto lo entusiasma. Come porque se ha de alimentar y quizá se tome, degustándola, como él me cuenta, una copa de brandy Duque de Alba o Cardenal Mendoza para acompañar su puro habano y su café, cosa que ahora, sentado frente a mí, en el restaurante Costa Verde, hace. Pero no le gusta “enturbiar la realidad” con el alcohol, como él mismo precisa. Tras una búsqueda insistente logro encontrarle una propensión: ver por televisión los partidos de tenis de los ‘grand slam’, pudiendo pasarse más de cuatro horas seguidas viendo a Federer, Nadal, Djokovic, Murray o a Marin Cilic, su último gran descubrimiento. Es un entendido en el tema. ¿Hizo alguna vez deporte? Y ahí, para mí, estalla la sorpresa. Desde los 9 años practicó lucha grecorromana en el Club Hebraica, y llegó a ser gran figura en esta disciplina. Fue ganando en todas las categorías de menores hasta que León Genú, campeón olímpico, lo prohijó llevándolo al Estadio Nacional y a la Federación Peruana de Lucha Grecorromana, en donde fue campeón nacional año tras año en peso mosca y luego pluma, hasta llegar en 1971, a los 19 años, a ganar el Campeonato Latinoamericano. Comparando en mi imaginación al hombre tranquilo que tengo a mi lado, y que percibo a través de las volutas del humo de su puro, con el niño luchador, surge mi primera pregunta:
–Ahora usted le ha prestado su partido Cambio Radical a Jaime Bayly para que tiente la presidencia del Perú. ¿Por qué a Jaime Bayly?
–Porque es un anarquista como yo. Es un hombre transparente, todavía confundido en algunos temas, pero con unas ganas locas de darle una patada en el culo a tanto miserable como hay en este país. Jaime es un antisistema dentro del sistema, o lo que es lo mismo: un reformista radical tan claramente de izquierda que a su lado Ollanta Humala parece un hermano gemelo de Dionisio Romero.
–Pero Bayly se contradice mucho. Hace poco en El Francotirador televisivo presentó a su novia Silvia y al día siguiente en su columna en Perú.21 dijo que su novia se llama Lucía. ¿Cómo entender esto?
–Hay que distinguir entre el Jaime que se entretiene con su público e inventa personajes y juega con un mundo que bordea la fantasía con la realidad, al Jaime político, serio, protagonista de la historia que van a conocer más adelante.
–No lo creo demasiado.
–¿Se admiten apuestas?
–No niego que sus puntos programáticos tengan coherencia libertaria. Estoy de acuerdo en una reducción de la compra de armamentos, ya que pienso que Chile no es otra cosa que un cuco metido en el alma peruana por el recuerdo de guerras anteriores, pero ¿tendría que dejar de comer el país y educar a su gente para aumentar su fuerza real bélica por encima de la chilena?
–Hay que cuidar las fronteras y no precisamente la chilena, porque por las fronteras se mete el enemigo metro a metro y cuando nos damos cuenta ya es tarde. Mire lo que puede pasar en Puno o en la selva. Reducción de armamentos sí, pero eliminación no.
–Me viene muy cuesta arriba entender que usted no vaya a entrar otra vez en la política activa.
–Me gusta la política como pasión, no como ejercicio. El ejercicio de poder se lo dejo a otros. Para mí la política es un tablero de ajedrez en el que la victoria no es tan difícil como parece. No estamos “salados” por las brujas de Cachiche ni ninguna maldición satánica. Todo se reduce a un problema de ideas claras y hombres decentes. Y Jaime no es venal.
–¿Qué le conmueve a usted?
–Lo único que me conmueve en un ser humano es el carácter, el orgullo y la inteligencia. Todo lo demás son tonterías.
(Por: José Carlos Valero de Palma – Caretas).
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