El fraude comprobado


El informe de la Comisión Investigadora de las elecciones generales del 2021, presidida por el congresista Jorge Montoya, confirma lo que se había denunciado reiteradamente, hubo fraude para favorecer a Pedro Castillo y su gavilla. El principal culpable es el Jurado Nacional Elecciones (JNE).

Y, sin duda, comparte esa responsabilidad el gobierno caviar de Francisco Sagasti que ayudó a que se consumara la trampa.

Una de las evidencias del fraude que establece la comisión es que el JNE permitió la inscripción de Dina Boluarte como candidata a la vicepresidencia a pesar de estar expresamente prohibido por la ley que “miembros” de los organismos electorales participen si no han renunciado con seis meses de anticipación. Como Vladimir Cerrón ya había sido excluido por estar sentenciado por corrupción, esa lista quedaba fuera de la contienda. Violando flagrantemente la ley, el JNE lo permitió.

El extenso informe incluye asuntos como la irregular composición del JNE (le faltaba un integrante) y la declinación del representante de la fiscalía Luis Arce Córdova, que se apartó denunciando las ilegalidades que estaban cometiendo en ese organismo.

Analiza también la falsificación de firmas de los miembros de mesa, la utilización de personas fallecidas para alterar la votación y la adulteración de las actas electorales, entre otras evidencias de las irregularidades.

La Comisión no examina el contexto político, porque ese no es su mandato. No obstante, ese es un factor fundamental que explica cómo se pudo consumar el fraude.

Cuando se discutía la vacancia de Martín Vizcarra argumenté a favor de esa decisión no solo porque fuera un corrupto –elemento que convenció a la mayoría-, dado que su procesamiento podía esperar unos meses, sino porque “estaría dispuesto a usar su poder para entorpecer la marcha de la justicia y torcer la voluntad popular en el próximo proceso electoral, para lograr un gobierno cómplice o benévolo a partir del 2021. En mi opinión, no cabe duda alguna de que lo hará.”

Y añadía que el Lagarto “intentará favorecer, con los inmensos recursos a su disposición, a los candidatos que crea favorables, al tiempo que tratará de desacreditar y perjudicar a los que vea como un peligro. (…) El peligro es que su intervención sí tendrá un efecto importante en adulterar la voluntad popular, al perjudicar a unos y ayudar a otros”. (“¿Estabilidad con Vizcarra?”, “El Comercio”, 31/10/20).

Vizcarra fue vacado pero la coalición que lo respaldaba, en particular la mafia caviar y los medios de comunicación que controlan, promovieron la asonada que derrocó a Manuel Merino y colocaron a alguien igual o peor, Sagasti, que hizo lo que el Lagarto no pudo realizar, convalidar el fraude y posibilitar que la corrupta gavilla de Castillo y Cerrón se encaramara en el gobierno.

Producto de ese desastre el país está entrampado en una de las peores crisis de su historia, mientras que las instituciones que deberían evitarlo duermen. O se acomodan.

Escrito por Fernando Rospigliosi

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